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HOFFENHEIM – M. CITY. (1-2) POR LOS PELOS.

Belfodil adelantó al Hoffenheim cuando no había pasado ni un minuto, pero los de Guardiola, tras jugar con fuego, lograron remontar el partido.

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Salió dormido el City al Rhein-Neckar-Arena. Sólo así se explica que, en la primera jugada del partido, el Hoffenheim marcase. Demirbay puso un balón entre líneas para Belfodil y éste marcó con un disparo raso, entre las piernas de Ederson.

El gol fue un sopapo al City. Decía Guardiola que les quedaban cinco finales por delante, y la primera de ellas se le puso cuesta arribaen menos de un minuto.

Pero muy pronto reaccionó el conjunto inglés. Agüero, Sterling y Sané empezaron a poner en apuros a la zaga alemana, y pronto descubrieron su debilidad, las bandas.

Y a los siete minutos de partido, con una internada por la izquierda de Leroy Sané, Sergio Agüero hizo el gol del empate. El City volvió a respirar, y el encuentro tomó una dinámica muy favorable para los de Guardiola.

Insistió el City, en busca del segundo, pero el Hoffenheim, aunque replegado, no renunció a buscarle las cosquillas a los ingleses con fugaces contragolpes.

Casi a la media hora de partido llegó la primera decisión arbitral polémica de la noche. El City forzó un saque de banda, Silva la puso a la espalda de la defensa para Sané, y Skomina pidió que se repitiera el saque.

No estuvo mal sacado, ni se realizó lejos de la zona en que debía haberse hecho. El colegiado lo anuló por razones que sólo él entiende, y privó al City de una ocasión clarísima, puse Sané se había quedado sólo delante de Baumann.

El extremo alemán hizo estragos por su banda durante lo que restaba de primer tiempo, y también en el segundo. Un segundo tiempo que comenzó, eso sí, con un Hoffenheim muy distinto.

Julian Nagelsmann ordenó a los suyos estirar líneas, y, sobre todo, anular a Fernandinho. Dicho y hecho, el Hoffenheim volvió a dar guerra desde el primer minuto, con el extra de haber borrado del partido al primer organizador del City.

Pero con el paso de los minutos, y con los cambios (Stones en vez de Otamendi, Bernardo Silva en vez del lesionado Gündogan), el City volvió a imponer su ley. O, al menos, su ritmo y su juego.

La zaga del Hoffenheim empezó a sufrir, a achicar balones. Baumann paró todo lo parable, y el City empezó a desesperarse ante la falta de gol.

A los 73 minutos llegó la segunda gran jugada polémica de la noche. Un clamoroso penalti de Baumann sobre Sané, cuando el extremo alemán había superado a su compatriota, que Skomina o no vio, o no quiso ver.

Pero el premio a la constancia le terminó llegando al conjunto de Guardiola. Al filo del pitido final, en el minuto 87, la fortuna se puso de su lado cuando el central Posch pagó su falta de experiencia ante la pillería de David Silva.

Trató el central de controlar con el pecho un balón en el área pequeña, quizá para despejarlo a continuación con un voleón, pero el canario se le adelantó, se la robó y, ante su sorpresa, batió a Baumann con un disparo al palo largo.

Quemó sus naves Nagelsmann, pues el Hoffenheim acabó el partido con cuatro delanteros, y atacando con ocho jugadores. Pero se quedó sin tiempo.

El City logró el triunfo, sufriendo como pocas veces. Trabajando como nunca. Sumando, por fin, tres puntos, y volviéndose a meter en la pelea por el liderato del grupo.

Y el Hoffenheim, derrotado pero orgulloso por haber tenido contra las cuerdas a todo un Manchester City.

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