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#ValenciaGetafe || LOCURA EN LOS CUARTOS DE COPA

Locura es probablemente la palabra que mejor define al encuentro vivido ayer en Mestalla. Locura, en todos los sentidos. Tanto de los aficionados, que perdieron la cordura de la alegría que les brindó su club en los minutos finales, como del partidazo que presenciamos, aunque el final no fuera de lo más moral ni didáctico para ningún aficionado del fútbol.

El Getafe venía con la moral alta al haber superado a un Valencia desaparecido en la ida por la mínima. Como siempre, la solidez defensiva característica del club madrileño volvió a estar patente en ese partido, y todos los aficionados chés se marchaban atenazados por la incógnita que suponía el partido de vuelta. Y además, los quebraderos de cabeza volvieron a coger forma nada más empezar el cóctel en Valencia. Jorge Molina volvía a echarse el equipo a la espalda con un gol en el primer minuto de encuentro. Una gran carrera del veterano delantero, que ayudado por un fallo de colocación de Jaume Domenech, asaltaba la portería local, dejando muchas caras malas, ya que debían encajar tres goles si querían acceder a la siguiente ronda.

Y el problema no era encajar tres, sino a quién tenían en frente para hacerlo. Un club con una defensa en bloque debía recibir tres mazazos en contra, lo que hizo que una parte de la afición perdiera la esperanza. Sin embargo, el gol no supuso un problema psicológico en la plantilla valenciana, que completó su asedio ofensivo durante los noventa minutos. Numerosas ocasiones, algunas veces desaprovechadas por la delantera, y en otras salvadas por Chichizola, se continuaban una tras otra hasta el ecuador de la primera mitad. Los dos equipos desfilaban hasta el túnel de vestuarios, con un enorme contra para el Getafe, la numerosa cantidad de cartulinas amarillas, que posteriormente condicionaron algunas acciones.

Mata, Damián, Djené, Portillo e incluso el propio Chichizola estaban amonestados para los próximos cuarenta y cinco minutos. Desde entonces, la mentalidad en Valencia cambió. Aprovechándose del control del balón y el juego por bandas, sobre todo gracias a Ferrán, Kangin Lee y la velocidad para descolocar a la defensa de Santi Mina, sumado al acierto de cara a puerta de Rodrigo, hicieron tornar la noche a un día inolvidable. El primer tanto de Rodrigo llegaba a los quince minutos de salir del descanso.

Un buen balón de Cheryshev que el delantero madrileño no desaprovechaba, inauguraba el marcador local haciendo crecer a su afición. Posteriormente, como hablaba de las cartulinas, muchos jugadores visitantes andaban con el miedo a disputar determinados balones por miedo a fallar y tener que ver el partido desde la grada. De hecho, esto se hizo realidad, cuando Djené era expulsado por doble amarilla de una manera escandalosamente injusta, que dejaba al Getafe con diez.

Cabe decir que periodistas y exárbitros coincidían en que esa jugada nunca debe ser señalada como falta, y mucho menos como amarilla, ya que era el jugador ché quien golpeaba primero al togolés. Entonces todo se le ponía de cara al Valencia. El encierre defensivo de los de Bordalás, que era su única opción para tratar de salvar el resultado, finalmente se quebró y dio paso a la fiesta. Ya en el descuento, cuando nadie creía que se pudieran marcar dos goles en apenas siete minutos, apareció la figura del encuentro.

Rodrigo anotaba dos goles en dos minutos, aprovechando el desgaste físico de los madrileños y de la alta moral de sus compañeros. La locura se desataba en las gradas. Y entonces, el sueño del Getafe desapareció. La intención de alcanzar las semifinales por quinta vez en su historia perdía forma, y fue finalmente el Valencia quien lograba el acceso a las semis.

De últimas, se producía lo más feo del encuentro: las agresiones. Todos los jugadores del Valencia y Getafe se enzarzaban a amenazas físicas y verbales, y el Getafe fue el peor parado, ya que fue Estrada quien reflejó en el acta todas las malas palabras del Getafe. Tanto Bruno como Damián como Mata, fueron a recriminar el pésimo arbitraje, a su parecer, del encuentro, que les puede costar muy caro, sobre todo al uruguayo. Sus acciones le podrían alejar de los terrenos de juego entre ocho y doce partidos, al considerarse una infracción muy grave la de agredir a compañeros de profesión y acosar verbalmente a los colegiados.

Una imagen muy fea que dañó el vivaz encuentro que abría la puerta al Valencia a la siguiente ronda. Y cómo tratar de explicarle a los más pequeños que ese tipo de acciones nunca se deben producir, cuando es su propio ídolo quien las está cometiendo.

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